
Ahora que estamos sintiendo los aires navideños no puedo dejar de recordar aquellas parrandas que por los callejones de Juan López solíamos realizar un grupo de amigos.
Jorge Camacho, nativo de allí, dedicado hoy al comercio, anteriormente realizaba actividades agropecuarias en las propiedades de su progenitor Blanco Camacho. Pero la música y los canes los lleva en la sangre, como herencia de abuelo, padre y varios tíos.
Al igual que la merenguera típica La India Canela, Jorge aprendió a tocar el acordeón a escondidas del padre, pero con la anuencia de su madre Amparo Tejada. Su primer instrumento lo compró usado por 28 pesos a Gasparito Comprés.
Para el inicio de los 70 ya hacía tiempo que él se había escapado un poco de la rigidez de su hogar para animar aquellos famosos aguinaldos y posadas navideñas que tantos buenos recuerdos nos han dejado.
Los callejones de la comunidad de San Caralampio y los lodazales propios de la época, son apenas un solo ejemplo de nuestros recorridos. Ese combo musical, que por lo regular solía formarse en navidad, se llamaba Los Margaritos, pero otras veces llegó a llamarse El Combo La Mafia.

La chispa aportada por el hoy empresario Fidencio Bencosme era indispensable para poner en movimiento el marasmo o la haraganería que a veces se apoderaba de uno o del otro, aunque en conjunto, cuando nos metíamos en eso era para nunca acabar. Para no caer en malas con su viejo, Jorge tenía que cumplir con las labores encomendadas, a la par que esperaba la llegada del sol del día primero de enero, ejecutando su acordeón.
“No tenemos culpa de llegar así, fue don Juancho Castro que nos trajo aquí”, era para nosotros una canción símbolo; al igual que: “¡Canten ustedes, igual que yo, el año nuevo, feliz llegó!”, pacientemente esperada por Jorge y sus Margaritos al llegar las doce de la noche, para ejecutarla con estrépito y empezar las felicitaciones correspondientes.
Y cuando llegaba la hora del “jervío”, subíamos al “palo” más cercano de cualquiera de los parientes, y “resolvíamos” con un par de gallinas criollas, acompañadas del saco de víveres que el querido Plácido Guzmán (Pao) llevaba al hombro.
¡Cosas de Juventud! ¡Cosas de enamorados!
“¡Porque la juventud tiene que COMBATIRLO TODO!”, como decía Juan Emilio con grueso acento, quien con frecuencia nos acompañaba, mientras sorbía un traguito del ron de moda.
Fidencio, Donato, Nano, Guillermo y su padre Don Quinco Bencosme, Teodoro, Pare, Euclides y Rafael Grullón, Diego Reyes, Luis Manuel Brito, Quico, Plinio y Tonila Escobosa, Narciso Caamaño, Juan Tejada, Juvencio, María y Olga Guzmán, Juan Emilio Estrella, Ido Angeles, Herminia y Minga Ramos, Ercilia Sánchez (Lila), y otros tantos que olvidé, fueron actores y testigos de las experiencias vividas en esos recorridos.
¡Cuánto quisieran muchos padres de familia de ahora que sus hijos fueran como los de entonces, tan llenos de ingenuidad y de sanos corazones!
Todavía, Fidencio siempre trata de convencer a Jorge para que anime una fiestecita para no perder la tradición, y contribuir a la alegría navideña en Juan López; y aunque a veces se comporta un poco refunfuñón, al fin y al cabo termina por acceder porque él no puede estar en navidad sin ese acordeón y sin sus Margaritos.





1 comentarios:
hola gracias por esos recuerdo yo tambien naci y cresi en esoa canes navidenos mi madre maria mi tio juven tia herminia el primo diego y mi abuela minga siempre estubieron ahi es npara mi era una costumbre por que en ese ambiente cresi que pena que hoy en dia las cosas no se miren como antes pero el sueno de mi madre es que nosotros sus hijos sigamos esta tradicion vesos a todos que vello relato de esos maravillosos tiempos
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